El Bar de Alex de la Iglesia: menú de la casa

El Bar de Alex de la Iglesia: menú de la casa

Presentación de El Bar de Alex de la Iglesia con Blanca Suárez y el resto del elenco de la película. Foto: Kiko Postigo

No diré que, El Bar, la última película de Álex de la Iglesia sea plato de mal gusto. No engaña a nadie y ofrece lo que el público busca en el cine del vasco. Pero a sus películas hay que exigirles mucho más. Se recrea en sus recurrentes ingredientes para ofrecernos el menú de siempre. Admitamos que nadie hace ese menú como él, que le da un punto único, pero se llega a repetir y echamos en falta un sabor imprescindible: la sorpresa.

Voy más allá, si ésta fuera su cuarta o quinta película El Bar supondría una obra sólida que confirmaría una trayectoria ilusionante abierta a las cumbres que su talento merece. Pero no es el caso, El Bar supone su decimoquinta película y aunque revestida de arriesgada y rompedora, no nos equivoquemos, es más de los mismo, un refrito de su identificable estilo, donde la mescolanza de géneros, el humor negro, la potencia visual y técnica y la miseria humana dieron sus obras más redondas con El día de la bestia y La Comunidad.

El Bar está magníficamente rodada, incluso logra extraer imágenes llenas de fuerza en escenas de lo más cotidianas. Su estilo se ha perfeccionado tanto que pocos directores pueden lograr que una discusión de barra tenga tanto ritmo como el asalto a una prisión.

El problema radica en su guión. De la iglesia y su habitual colaborador, Jorge Guerricaechevarría, como casi siempre, meten a un variopinto grupo de personajes en una situación extrema y se lo pasan muy bien pergeñando como hacérselo pasar muy mal. Y seguramente eso les valga mientras están en fase de escritura de guión pero al traspasarlo a la pantalla, esa tendencia a lo excesivo y al más increíble todavía lastra la credibilidad del espectador que en algunas fases puede desengancharse de la película y caer en la indolencia sobre lo que les pasa a los personajes.

Uno desea que De la iglesia salga de su zona de confort, que se atreva a elaborar menús fuera de carta, que se crea que tiene un virtuosismo con la cámara similar a sus coetáneos mexicanos (Del Toro e Iñárritu) y nos deje obras memorables que no nos podamos sacar del paladar.

Leave a Comment

Leave A Comment Your email address will not be published