Bésame mucho, pero mucho, mucho

gilda 2Algo debe de tener la canción de Consuelito Velázquez, Bésame Mucho, para que mi padre la rescatara en todas sus versiones y cuando hasta los de Liverpool la cantaron. A los pies de esta melodía cayeron rendidas las voces de los mejores, y hasta algún jazzista se dejó llevar por los besos de la mexicana con versiones de Bésame Mucho que merecen escucharse con el Gin más barroco del hipsterismo madrileño o al compás de un Manhattan mientras llueve tras el cristal.

Bésame mucho pasó por las gloriosas cuerdas de la guitarra más funky y más jazz de la costa oeste de Estados Unidos. La apasionada canción que Saritísima llevara hasta las cotas más elevadas del kitscherismo suena en las manos de Wes Montgomery a tarde soleada en Nueva Orleans.

No hay voz como la suya, no hay un Bésame mucho más sugerente que el de Lila Downs, (bueno, sí, el de la Hayworth) no hay un Bésame mucho mejor cantado que el de Lila.  Suena a jazz pero también, así, de lejos, a copla, y tiene el encanto de un sofá a la espera del primer beso. No se me ocurre ninguna mujer a la que no le gustara oír esta melodía tras unas manos a la conquista del salvaje oeste.

La versión de Nat King Cole, qué les voy a contar, tiene todo su encanto y su bondad, suena dulce y perfecta para una cena sin pretensiones pero con estilo. Háganme caso, Nat nunca falla.

En plan psicodelia electrónica, sí, sí, lo que leen, los de Telefunka versionean el Bésame mucho.  Yo que ustedes les daría una oportunidad a estos chicos barbudos y a sus cinco minutos de besos porque tienen bastante que decir. Aplausos para ellos y jirafas mil.

Mi preferida, probablemente, sea la de Cesárea Évora, porque yo, en el fondo soy una romanticona, pero también porque esta versión lo tiene todo, aires portugueses, el calor de cabo verde, el ritmo de su piel negra y la dulcura de un fado a lo lejos. Yo a Cesárea le habría dado el mundo entero por relarnos su música y su voz. El bésame mucho de Cesárea tiene la tristeza y el miedo del amor sin medida.

Más triste, más cubano y más portugués es el Bésame mucho de Mariza y Chucho Valdes. Nada que objetar a estos dos. Valoren ustedes si no son para festejarles esta delicia.

En plan racial me quedo con la guitarra de “El Periquín”. Yo, que quieren, habría dejado a solas su guitarra y me sobra la Fygi. No me disgustó el mix de Víctor Lazlo aunque le reconozco ciertas limitaciones.
Y, oigan, la original, siempre la original.

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