Cine de boxeo, el ring más cinematográfico

(Para Tolo)

Posiblemente no exista otro deporte más maltratado que el boxeo… en España, los 70 fueron una época dorada de Campeones como Urtáin o Legrá y de veladas semanales en El Campo del Gas. Esto dio paso a una travesía por el desierto en los 80, una época en la que el ostracismo en los medios lo estranguló e hirió casi de muerte. Sobrevivió a duras penas, en gran medida gracias a esfuerzos casi quijotescos de gente como Jaime Ugarte, periodista que habla, sueña, respira y vive boxeo.

El cambio del milenio nos trajo noches mágicas en las que quisimos creer que el argentino Sergio “Maravilla” Martínez había nacido en Chamberí; cómo no querer a este estilista de guardia insultantemente baja y esquivas imposibles, un tipo hecho a sí mismo que plantó cara al establishment de la CMB, que consiguió recuperar en el ring el título que perdió en los despachos.

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Hoy por hoy, el noble arte está más vivo que nunca, nos emocionamos con promesas como Kerman Lejarraga, Isaac Real “Chaca”; y pioneros como Fightland han conseguido que muchos alternen la corbata con los guantes y el protector bucal.

Sin embargo, ha habido una constante, el idilio entre el cuadrilátero y el cine; y es que ninguna otra representación artística ha conseguido trasladar de forma tan fiel la épica y la grandeza del único deporte que no se juega.

Cada vez que se elabora un listado, se corre el riesgo de herir sensibilidades, así que vaya por delante el criterio utilizado: 10 películas de boxeo que han marcado a este aprendiz de Criador de Jirafas; no es la regla más objetiva del mundo, pero quién suscribe sabe lo que es calzarse los guantes y dar un paso al frente, quizá por eso El Criador me haya dado crédito.

El ídolo de barro de Mark Robson (1949)  

¿Por qué? – La presencia del ya centenario Kirk Douglas justifica casi cualquier cinta; pero la película no es solo eso, es el reflejo del sacrificio, de cómo una promesa del boxeo es capaz de hipotecar su vida para alcanzar un sueño.

Rocky de John G. Avildsen (1976)

¿Por qué? – Obviando desavenencias legales entre Sly y Chuck Wepner (la historia supuestamente se basa en su enfrentamiento con Muhammad Ali); Rocky rinde homenaje a los perdedores, a los cinco minutos de fama, a los trenes que pasan sólo una vez en la vida y a la mítica escuela de boxeo de Filadelfia que ha dado al mundo guerreros como Joe Frazier.  Además cuesta creer Carl Weathers no hubiera boxeado antes de enfrentarse a este proyecto, consigue volar como una mariposa y picar como una abeja.

Campeón de Franco Zeffirelli (1979)

¿Por qué? – Aunque lacrimógena hasta límites insospechados, es la primera película que vi en cine ¿No es motivo suficiente? Entonces añadiré que pone al espectador frente a un realidad del boxeo: los púgiles literalmente se juegan la vida cada vez que suben al ring.

Toro Salvaje de Martin Scorsese (1980)

¿Por qué? – Por todo, porque es el viaje de ida y vuelta al Olimpo de Jake La Motta, un ídolo en su época, por los cambios de peso de De Niro, poque Joe Pesci es más Pesci que nunca, por cómo están rodados los combates con cámara subjetiva…

Como curiosidad, una vuelta de tuerca digna casi de Paul Auster: el propio Jake La Motta hace un cameo en otra de las películas favoritas de este aprendiz de Criador: El Buscavidas (1961).

The boxer de Jim Sheridan (1997)

¿Por qué?- No hay medias tintas para Daniel Day Lewis, para preparar este papel entrenó con Barry Mc.Guigan quién llegó a decir del actor que en un año podría ser un digno aspirante al campeonato del Reino Unido en su peso. Daniel se llevó de propina la nariz rota y dos hernias discales.

Million Dollar Baby de Clint Eastwood (2000)

¿Por qué? – Una grandísima cinta de perdedores que ganan y de triunfadores que no merecen serlo, el mundo al revés, en definitiva, en la vida los golpes que más duelen vienen de personas a quién más queremos, quién más la quiere tiene que acabar con la vida de la protagonista, una vida con tan poca lógica como el boxeo, deporte en el que para pegar con las manos primero tienes que mover los pies, en el que para huir hay que moverse hacia adelante. Un peliculón con todas las letras, Óscar a la mejor película, al mejor director, mejor actor, mejor actriz (Hilary Swank por segunda vez en cinco años), mejor actor de reparto, mejor guión adaptado y mejor montaje; echamos en falta únicamente Óscar a los calcetines de Morgan Freeman.

Cinderella Man de Ron Howard (2005)

¿Por qué? – Basada en un hecho real que viene a reafirmar que más cornadas da el hambre. En una época en la que no paraban el combate aunque un boxeador tuviera una brecha del tamaño del Cañón del Colorado, James J. Braddock decide que va a dar de comer a su familia aunque para ello tenga que enfrentarse a un Gran Berta llamado Max Baer. Y sí, tengo predilección por ese monstruo de la interpretación que es Paul Giamatti y (casi) todo lo que haga me va a parecer bien.

The fighter de David O. Russell (2010)

¿Por qué? – Por un Christian Bale inconmensurable, porque lo fácil a la hora de llevar la vida de Micky Ward a la gran pantalla habría sido hacer una película sobre su trilogía frente a Gatti y sin embargo, la cinta trata sobre el camino previo hasta esa serie de combates. Por cierto, una de mis salidas al ring favoritas con Christian Bale cantando al oído de Mark Wahlberg, su hermano en la película, Here I go again de Whitesnake.

 

Southpaw de Antoine Fuqua (2015)

¿Por qué?-  Se estrenará este año en España con un obsceno retraso, calificada en muchos foros como la peor película de 2015 y puntuada por rottentomatoes con un parco 61%, nadie dijo que este ranking fuera objetivo.

Con un detalle sobre la técnica pugilística que este aprendiz de Criador no había visto antes, como por ejemplo, el uso de la guardia llamada “Philly Shell” y que en estos días ha popularizado el injustamente millonario Floyd Mayweather. Combates grabados con steadicam, banda sonora callejera y Fuqua detrás de la cámara, personalmente no le pido mucho más a una película.

Creed de Ryan Coogler (2015)

¿Por qué? – Porque por una vez, aunque sea en el celuloide, da igual quién seas y tienes que demostrar que te mereces estar ahí por ti mismo, boxeo en estado puro, sin enchufismos, ni apellidos compuestos ni puertas giratorias, una pena que fuera de la pantalla las cosas funcionen de otra forma.

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