Descubriendo a los Modlin

MODLIN
La hipnotizante belleza de Nelson Modlin

Hay un juego al que se juega cuando vas en silencio de copiloto o en la parte de atrás del coche, o cuando bajas a casa caminando y en vez de mirar hacia dentro miras hacia arriba: adivinar la vida detrás de cada ventana encendida que habita la ciudad. Para ese juego basta con la ayuda de los cuadros que cuelgan en esas paredes que asoman por las ventanas, con sus lámparas de araña, con sus arañas de libros que suben hasta el techo. Vidas imaginadas en estancias ajenas.

El fotógrafo Paco Gómez no se asomó a ninguna ventana, sino a un puñado de fotografías vertidas en el suelo, extrañas, magnéticas, en blanco y negro y en color desvaído. Recibió una llamada en mitad de la noche avisándole de un extraño desalojo de objetos en mitad de la calle Pez en Madrid. Comenzaba la búsqueda de los habitantes misteriosos de una casa de suelos ajedrezados que terminó por convertirse en una obsesión.

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Los Modlin, un triángulo de amor y muerte

Así fue como Paco se encontró inesperadamente con tres personajes en busca de autor, extraños y con una belleza de esas que duelen,  los Modlin.  Madre, padre e hijo posando en miles de fotografías en posturas inverosímiles, mirándose unos a otros, a lo largo de los años, disfrazados, semidesnudos, más jóvenes, más viejos. ¿Quiénes eran y por qué nadie les recordaba?

El autor cayó en la tela de araña de los Modlin y leyendo su libro  uno cae también. Se pasan las páginas como en un viaje en trance, siendo espectadores de  una secuencia que poco a poco va desvelando el misterio de unas vidas brillantes como un meteorito cuya estela se apaga fugaz tras su paso por la Tierra.

“Diez años han pasado desde que los Modlin irrumpieron en mi vida por azar. Ha sido una experiencia intensa e irrepetible persiguiendo las sombras y los sueños de unas personas a las que nunca conocí”, confiesa Paco Gómez. 

Hay que abrir las páginas de “Los Modlin” sin aviso previo, jugar al juego de las adivinanzas, dejar que la historia cale nuestros huesos, que los recuerdos resucitados se queden en nuestra memoria. Sumergirse en un viaje sin retorno a un pasado ajeno que una vez fue presente, repleto de sueños, ambiciones, frustraciones y deseos, como los de cualquier vida, como los de nuestras vidas…

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