Trainspotting 2: Un chute de autoconsciencia

Trainspotting 2: Un chute de autoconsciencia

Me cuesta acordarme de una secuela que sea tan dependiente de su predecesora como Trainspotting 2. El relato apenas alcanza sentido si no has vivido, incluso si no lo tienes muy reciente, el orgasmo multiplicado por mil que provocó Trainspotting a toda una generación a mediados de los años ´90 del pasado siglo. Y a medida que va transcurriendo el metraje asumo que esa es la intención del director, Danny Boyle, que quiere que revivamos nuestro pasado, que lo mezclemos con las vivencias de los 4 de Edimburgo, nos retrotraigamos 20 años y recuperemos esa etapa vital donde nos creímos especiales e invencibles. No podemos desligarnos de quienes fuimos ni de donde venimos y de aquellos polvos, estos lodos. Lo sintetiza bien, como todo lo que introduce en su organismo, Sick Boy (a.k.a Simon) en una frase inyectada al desertor Renton: “Viniste a hacer turismo por tu juventud”.

Danny Boyle | Foto Sony Pictures Releasing de España, S.A.

Terminaba la película original con una palmaria declaración de intenciones del traidor: voy a ser como tú. Y eso es lo que han intentado Renton, Sick Boy, Begbie y Spud, con más o menos esmero, durante los últimos 20 años. Pero el peaje de convertirse en personas normales  y socialmente aceptables los condena a un sinfín de decepciones y fracasos de los que no eran conscientes cuando lo único importante era pillar heroína. Divorcios, amagos de infartos, despidos, paro, cárcel, soledad, reuniones de autoayuda y muerte constituyen la polioferta vital entre la que pueden elegir en su entrada en la 2a. parte (tras los 45, como en su idolatrado fútbol) de sus vidas.

Lo que era una descarga de música electrónica epicúrea se ha convertido en un blues a la inexorable decadencia a la que estamos condenados. A la resignación a que nunca seremos lo que soñamos. Una bofetada de lucidez que se les puede atragantar a muchos y que salgan del cine decepcionados con la película. O con sus propias vidas.

Danny Boyle construye esta segunda parte a modo de espejo deformante y autorreferencial. No falta ningún mítico plano que no sea reformulado, algunos con verdadero talento, y que serán reconocidos y celebrados por los fans más nostálgicos. El grado de autorreferencia  y metalenguaje es tal que, en una cumbre extraordinaria, se incluye la forma ficcionada (o no) en que se escribió la novela original.

El mismo Boyle  desarrolla la parte más violenta e inquietante tomando como modelo el fondo y la forma de ‘Tumba abierta’, su magnífico debut en la dirección de largometrajes.

La película es tan autoconsciente de que no podrá alcanzar el nivel de su predecesora que nos hiperestimula con una sobredosis de imágenes del pasado. Como si no confiara en la fuerza de lo que ahora cuenta y lo tuviera que revitalizar con píldoras de nostalgia que acaban siendo odiosas por comparación de lo que fue y no volverá a ser.

2 Comments

  • Javier
    9 meses ago

    Increible análisis de la película. Muchas gracias.

    • marialonso
      9 meses ago

      ¡Gracias a ti por comentar! Kiko es experto en esta cinta 😉

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